Real Madrid: Vini, yo quiero verte bailar…

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…Igual que me gustaría ver a Joao Felix y Cunha, como lo hicieron contra el Celta hace apenas dos semanas, como he visto hacerlo tantas veces a Griezmann, antes y después del minuto 63, fuera y en casa. Creo que Koke no estuvo afortunado sugiriendo que “se iba a liar”, ya sea en la grada o en el campo, si Vinicius festejaba un gol en el derbi, como suele hacerlo. Danzar en el festejo de un gol n

o es ninguna provocación, es una exaltación de la alegría, muchas veces irracional, como lo es quitarse la camiseta, sabiendo que acarrea amonestación. Dicen que al leopardo no se le pueden quitar las manchas, pues algo similar ocurre con el brasileño, al que no se le puede quitar su inclinación a exaltar la felicidad desde la máxima espontaneidad o desde una de las formas más primitivas de mostrar la alegría, como es la danza.

No son de extrañar las innumerables adhesiones que ha recibido Vini de sus compañeros de selección.

Hay muchas cosas que quitarle al fútbol antes que la alegría, especialmente todas las que tienen que ver con la violencia en sus diferentes expresiones. De todas las portadas que tuve el honor de hacer en MARCA como director durante cuatro años sólo me he arrepentido, hasta hoy, de dos. La primera, tras un festejo de un gol del sevillista Paco Gallardo con el inolvidable José Antonio Reyes, con un titular muy desafortunado: ‘Intolerable’; La segunda, cuando pusimos todo el foco en el banderín de córner del Camp Nou, desde el que Figo debía lanzar los saques de esquina del Real Madrid en su segunda visita al feudo azulgrana. A pesar de la gran presencia policial, aquella fatídica noche del cochinillo y la botella de JB pudo haber ocurrido una desgracia.

Como en este derbi, poner el foco en un solo lugar del campo puede tener consecuencias desagradables.

Dejemos de llevar el fútbol a los extremos. O ponemos todos un poquito de nuestra parte para volver a desdramatizar este maravilloso deporte o tendremos que lamentar alguna desgracia.

Las redes sociales y los odiadores profesionales no pueden marcar nuestra manera de sentir.

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