Florentino y Vinicius

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Florentino y Vinicius

Aunque maneja los hilos detrás del telón del fútbol, Florentino te trata de cerca con humildad. Te habla de intríngulis, estrategias, héroes y malvados que le rodean. Le gusta darte alguna noticia, pero sabes sin que te lo diga (yo lo aprendí a testarazos), que es con la condición de que no cites su nombre. Le gusta que un enigmático hilo de ausencia y silencio le rodee,

que se sepa que manda sin necesidad de dar ningún golpe en la mesa. Como buen emperador destierra o silencia a sus enemigos. Creo que es el mejor presidente del fútbol. Su apuesta por los jóvenes, hoy, cuando sabemos que

Vinicius

es el mejor del mundo nacido después del 2000, es el ejemplo. Ahora los demás le siguen, pero él ya lleva tiempo en el camino.

El final de Cristiano

Saber retirarse a tiempo es difícil, porque has de dejarlo cuando sientes que aún tienes facultades, pero a la vez sabes que si no lo haces poco a poco te irás convirtiendo en una caricatura de ti mismo, o al menos no darás lo que tu equipo necesita de ti. Podrá más tu memoria que tu realidad o tu futuro. Un halo de lástima habrá en los ojos de aquellos que te admiraron o temieron. Con demasiado esfuerzo, y a cuentagotas, vencerá tu talento las telarañas que cuelga el tiempo sobre ti. Quienes ayer lo habrían dado todo por tenerte ahora te dan la espalda. Por mucho que te duela ya no eres el mismo. “Somos servidores del tiempo”, escribe

Tácito

. “Somos tiempo y polvo”, escribe

Wallace Stevens

.

Cristiano

se queda en el Manchester United.

Cuando llega el final

Te sientes vacío, como en una habitación oscura. Te sientes extraño, raro, tenso, nervioso, no sabes qué hacer, estás incómodo, pensativo. Dudas de todo. De repente se apagan las luces del teatro y el espectáculo se acaba. Te quedas como una sombra. Las palabras no son mías. Las escucho en el atrayente y profundo documental de Movistar,

Javier Castillejo, El lince.

El boxeador habla de lo que sintió cuando hubo de dejar el boxeo porque ya era peligroso para su vida. La reflexión es tan literaria, hermosa y ejemplar que sirve para el apagón de cualquier cosa que amamos. Para ese final que siempre llega como una melodía de la ausencia, según dice

Yoel Hoffmann

. El boxeo, el fútbol, el amor, el trabajo, la vida….

El dilema de Asensio

Lo difícil no es hacer un gran partido, o un gran gol, sino mantener la fuerza de un talento en cada partido. Es muy fácil entenderlo, el éxito es perseverar en un acierto que tapa los inevitables errores. Luego también hay que tener cuidado con las sensaciones, suelen terminar heridas con la luz de la realidad. Si fuera

Asensio

pensaría solo en qué hice mal para que mi enorme talento cayera como el goteo del agua en la yerba, no como una lluvia que todo lo moja. Me olvidaría de todo y pensaría solo en mí. Cerraría los puños y aguantaría toda mi fuerza para que explote cuando tenga otra nueva oportunidad que no sea unos minutos. Me quedaría en el Madrid y lucharía otra vez, y otra vez, y otra vez hasta conseguirlo.

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