Eurobasket 2022: Lecciones del cuerpo de Rudy

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Semana del baile, que diría Hurti. Para baile, lo del viernes en La Elipa. Ese día tuvo lugar el tradicional partido veraniego contra los alumnos del máster, que están haciendo prácticas en la redacción estos meses. En estos duelos, ya se sabe, lo de menos es el resultado. Pero como ganamos 7-2, que quede por escrito. Aunque según pasaron las horas, la victoria y la sensación triunfal fueron abandonando los cuerpos de los ganadores para dejar paso a las agujetas y los dolores.

Que te den un cuerpo sin manual de instrucciones y que cuando aprendes a usarlo te cambien las reglas a mitad de partido, es trampa. Sobre todo si has sobrevivido a una pandemia que te ha roto el ‘ritmo competitivo’, si es que alguna vez tuviste algo parecido. Haces lo mismo que antes, pero ahora cuesta. O tarda. O duele. O todo a la vez. Cuando te das cuenta de lo que está pasando, es un shock. Como el primer día que al cambiar de marcha notas cómo la palanca rasca. Es un sonido parecido, igual de desagradable.

Para afrontar este cambio de firme en la carretera hay dos formas de conducir. La primera, la que de momento he asumido yo, es la modalidad Hazard. Hacer como que nada ha pasado, que en algún momento el asfalto volverá a estar liso. Eden intenta hacer lo mismo que cuando tenía cinco años y varias lesiones menos. El resultado, obviamente, difiere del de tiempos pasados. Pero insiste. Si antes me iba por velocidad, ahora también. Si antes driblaba en el área, ahora también. Yo en cada balón suelto en la frontal busco el zurriagazo potente. En cada pelota al espacio, el sprint tribunero descontrolado. Por eso en cuatro de mis últimos cinco remates me he hecho daño y en el 100% de las arrancadas me he llevado la mano a la parte posterior de la pierna, a diferentes alturas, por variar. Transitar esta vía es como caminar por una habitación llena de piezas de Lego. Duele y no hay forma de encontrar un trocito de suelo que devuelva confort.

Luego está el estilo Rudy. Rudy ya no hace mates por encima de Dwight Howard. Pero ahí sigue, con 37 años, liderando a España en otra final de Eurobasket. Rudy podría haber pasado estos primeros días de septiembre tirado en una playa balear. Se ha ganado el derecho a disfrutar de su cuerpo y a darle homenajes de relax y descanso. Y sin embargo se ha pasado dos semanas besando el parquet de las canchas de Tbilisi y de Berlín, tirándose a por balones, magullando y castigando su cuerpo en choques contra tipos sudorosos de dos metros.

Ha sabido reinventarse. Convertirse en un jugador distinto, porque es su propio cuerpo el que le limita. No se cree más joven de lo que es. Quizás mejor de lo que es sí, pero si no hubiera tenido en su carrera ese puntito de flipao no hubiera llegado a donde ha llegado. No nos hubiera llevado a donde nos ha llevado.

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